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La “Fiesta de Ánimas” o del Carnaval en Villar
del Pedroso, se ha ido transmitiendo de mayores a pequeños generación
tras generación, y ha quedado gravado de tal manera en el sentir
de los “villarejos” que no ha sido necesario que hubiera
constancia escrita para que esta se mantuviera a través de los
tiempos. Es evidente, que para que esto haya sido así, fue necesario
que se diera en ellos un amor hacia los ritos que se representan, y
una preocupación por la conservación de la fiesta tal
y como la recibieron de sus mayores; debido a ésto y al esfuerzo
que cada año realiza una familia diferente, recabando ropas y
dedicando su tiempo, el pueblo se agrupa en torno a ella como se hizo
a lo largo de los siglos. Es imposible contrastar, ante la carencia
de referencias escritas, el origen del carnaval, aunque por el contenido
de los ritos, bien puede decirse que la fiesta hunde sus raíces
en el desconocido acontecer de la Edad Media.
Las consideraciones que haremos sobre el Carnaval de Villar, las agruparemos
en diferentes apartados, con el fin de establecer con la mayor claridad
posible y por separado, los aspectos álgidos de la fiesta, que
lleva en sí el encanto y atractivo de fiesta popular. Los entendidos
en estos temas, apuntan que en esta celebración se barajan conceptos
y elementos que en tiempos remotos pasaron a la escenificación
teatral, pero que en Villar se quedaron en una fase previa y la fiesta
consiste en un retazo de la cotidiana existencia del pueblo y no de
una escenificación, por eso se vive cada año con el mismo
entusiasmo como si fuera la primera vez.
Creemos necesario, dar una versión rápida de la fiesta
para aquellos que no han tenido la dicha de participar en alguna ocasión
de la misma, describiendo lo que se puede contemplar y en lo que se
puede participar a lo largo de la semana que dura la celebración.
Se hará una breve descripción de lo que acontece durante
los días previos al domingo de carnaval o de gallos, con la recogida
de limosnas para las ánimas del purgatorio.
En primer lugar debe puntualizarse que la fiesta la organizan los
miembros de una familia, que han solicitado al finalizar los festejos
del año anterior, el domingo de Piñata por la tarde, ser
ellos los que realicen y organicen el Carnaval del año siguiente.
Los miembros de esta familia se distribuyen los cargos de relevancia
en los ritos, acompañándoles sus amigos, vecinos y voluntarios
que quieran participar, ya que son muchos los puestos que hay que cubrir
en la organización de la trama. En esto no interviene ninguna
institución, es la expresión libre de los individuos de
la familia que solicita organizar las fiestas. Más tarde hablaremos
de los cargos, ahora solo diremos lo que estos hacen las semanas previas
a la del carnaval.
En los últimos días de la semana anterior al domingo
de gallos, “los del carnaval” o “la soldadesca”,
que así se denominan a los que organizan los festejos ese año,
salen a la postura del sol por las calles del pueblo acompañados
de varios tamborileros, cantando diferentes letrillas al ritmo característico
del tambor para esta ocasión; a la soldadesca se unen todos aquellos
que quieran acompañarles. Hasta hace poco, la comitiva se paraba
en las puertas de las casas de los vecinos a solicitar una limosna para
las ánimas del purgatorio, a cuyas puertas llamaban con un esquilón
que hacía sonar un miembro de la soldadesca. Cuando el vecino
salía, la comparsa cantaba unas coplas con unas letras y un ritmo
especial: eran las “coplas de las ánimas”; cosa que
hoy casi nadie sabe interpretar, y los rondadores en la actualidad tampoco
llaman a las puertas y sólo solicitan las limosnas a aquellos
que salen de sus casas a verlos pasar, y éstas, que antes eran
en especie (principalmente trigo), han sido sustituidas por dinero.
El nutrido grupo de personas pasean por las calles cantando al son del
tambor, mientras que este retumba al pasar por las estrechas callejas,
y las paradas ya no se llevan a cabo en las puertas de los vecinos sino
en las pocas y contadas tabernas del pueblo.
La comparsa trata de entonar al son del tambor las mismas letrillas,
cosa que no siempre lo consigue, pero la alegría se desborda
por las calles, y el vecindario sale a las puertas de las casas a saludar
y a dar vivas al carnaval y a la soldadesca. El carnaval y el recuerdo
a las ánimas se funden como si fueran partes de un todo.
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